Millones de animales, zorros, visones, nutrias, linces, castores, chinchillas y otras especies son criados en cautiverio o atrapados de manera cruel para despojarlos de una piel que ellos sí necesitan.
La industria peletera se cobra anualmente la vida de 20 millones de animales salvajes cazados en trampas y de 40 millones de animales criados en granjas. Todos ellos cruelmente despellejados antes, durante o después de su muerte, porque la moda y los consumidores lo requieren.
Los animales criados para convertirse en abrigos pasan toda su vida en sucias y diminutas jaulas, aislados o hacinados, a la intemperie o en naves. Algunos, a causa del estrés se vuelven neuróticos y comienzan a dar vueltas incesantes en la jaula, otros se automutilan, incluso llegan al canibalismo. La mayoría de los animales criados en las granjas, en su vida natural, suelen correr, marcar el territorio, nadar y recorrer decenas de kilómetros diarios en busca de comida, agua o pareja reproductiva. Cualquier rastro de este comportamiento, como es de imaginar, es imposible de realizar encerrados en solitarias -o atestadas- jaulas metálicas.

En las granjas peleteras los animales son asesinados generalmente por electrocución anal o genital, lo que les causa el terrible dolor de un paro cardíaco mientras están conscientes. Como la descarga no alcanza inmediatamente el cerebro, los zorros permanecen despiertos mientras sienten el efecto de un fulminante ataque al corazón. Otros métodos de matanza son romperles el cuello o ahogarlos. En algunos casos los animales son solamente adormecidos antes de ser despejados. Los restos del animal son vendidos a la industria cárnica normalmente para alimento de perros y gatos.
Para hacer un sólo abrigo de piel son asesinados:
Castores: 15-45
Visones: 60-180
Nutrias: 20-60
Mapaches: 40-120
Zorros: 50-150
Chinchillas: 100-120



